25/11/09

El lobo, el conejo y la serpiente

Había una vez un lobo que andaba por los bosques, se rascaba atrás de las orejas con las patas traseras y, por ser respetuoso de las tradiciones, le aullaba a la luna.

Lejos estaba de sospechar, este lobo, que al mismo tiempo (la misma vez) había un conejo blanco que vivía dentro de una jaula en el lavadero de cierto departamento de un tercer piso. El conejo no se rascaba atrás de las orejas, ni en ninguna otra parte. Es dudoso que tuviera noción de lo que es rascarse.

En tanto, ni lobo ni conejo tenían idea de la existencia de una serpiente (la misma vez, al mismo tiempo) que asombraba a los visitantes del zoológico cuando decidía desenrollarse, siempre tan lentamente, del tronco de árbol seco que le habían puesto para que se sintiera como en casa.

Esto podría seguir así indefinidamente, si no fuera que la vez (el tiempo) se nos va volando, y nos vemos obligados a terminar aquí. Por otra parte, no es común que los relatos con animales contengan más de tres especies diferentes.

6 comentarios:

la stessa ma altra dijo...

cuatro, contando a los que los leemos...

Eduardo dijo...

Cierto.

Saha dijo...

you're SO good!
beso
Ana Lucía

Eduardo dijo...

Wow, thanks!

Víctor Mosqueda Allegri dijo...

Excelente cuento. Muy bien usado el recurso de metaficción. Suelo tenerle miedo a los relatos de animales (sobre todo cuando vienen en tríos), porque con cada letra siento que se avecina (inexorable) la moraleja, y es muy triste cuando una bonita narración falla al final por culpa de un pobre recurso moral (que siempre son más complejos de expresar que los recursos literarios, sobre todo porque es más fácil aspirar la superioridad literaria que la moral). Pero esta vez la moraleja fue contundente y feliz: No todos los cuentos de animales (ni siquiera cuando vienen en tríos) tienen por qué decepcionarte. Me alegro de haber conocido tus tres personajes, en especial al conejo, que fue el que más me conmovió (con lo sabroso que es rascarse. Jeje).

A.S dijo...

un listado completamente abarcativo.
Me gusta como oculta el hecho más importante: de noche, cuando no hay visitantes, la serpiente se entrega a un placer secreto, rascarse detrás de las orejas.